2001: Odisea del Espacio (Arthur C. Clarke)… Un vistazo a su filosofía y la creación Kubrickiana

Dentro del extenso legado científico y literario que nos dejó Arthur C. Clarke se encuentra esta inigualable obra, que es considerada por una abrumadora mayoría de los críticos y fans del mundo de la ciencia ficción, como una de las más icónicas, representativas e imperdibles del género.

2001: Odisea del Espacio es un relato grandiosamente reflexivo, sabio, cargado de un detallismo técnico-científico y que mediante una narrativa descriptiva omnisciente nos moldea y enseña el camino que ha seguido el ser humano desde hace tres millones de años (como mono-humanoide) hasta el tiempo en que decide viajar rumbo a las estrellas en un encuentro, ignorado por él mismo, con aquello que le “regaló” su lugar en el Universo, su consciencia, su inteligencia… su esencia misma.

2001: Odisea del Espacio
2001: Odisea del Espacio. Imagen: Nenúfares efervescentes

¿Qué plantea Clarke con situar un monolito de perfección geométrica en las antiquísimas estepas africanas del mundo de los pre-homínidos?, ¿Qué simbolismo existe en las escenas donde nos muestra las dificultades del ser humano en su aventura espacial?, ¿Por qué una super-computadora capaz de simular sentimientos humanos decide traicionar a su creador?, ¿Qué relación existe entre el monolito y su consiguiente “creación” post-homo sapiens o hijo de las estrellas?, ¿Cómo se relaciona esta historia con el film de Stanley Kubrick?

Hace tres millones de años, en las estepas que dominaban una gran variedad de depredadores, donde los monos-humanoides se encontraban aún unos escalones por debajo de la cúspide de la cadena alimentaria, abandonados a sus escasas fortalezas, dependiendo de los frutales y raíces de la zona y de la unión de los miembros de su manada, es donde inicia la gran historia-odisea de Clarke.

Moon-Watcher, el corpulento líder de la manada, enfrentado al duro sobrevivir del día a día, sin poseer aún un mínimo de consciencia de la naturaleza que lo rodea ni atisbos de inteligencia rudimentaria, someros sentimientos o ínfima iniquidad, es que se presenta en mitad de la noche un extraño monolito de cristal que no se asemeja en nada a cualquier cosa que estos primates hayan visto jamás. La innata e instintiva curiosidad de los monos activa, cual computadora orgánica primitiva, sus más toscos mecanismos de defensa. Mediante una especie de comunicación o monólogo unidireccional, a través de su superficie, el monolito les presenta imágenes y figuras geométricas en movimiento, en una clara representación de lo que podemos considerar como un reto que logró activar en sus recovecos neuronales una chispa, ese atisbo de inteligencia que lo impulsó a realizar el primer gran descubrimiento del nuevo homínido… la herramienta.

Parafraseando la famosa frase armstrongiana (cuyo lugar de su legendaria huella se proyecta en la mirada y en el nombre de este ancestral homínido), fue un pequeño primer paso y al mismo tiempo el inicio de un ingente salto de tres millones de años para encontrarnos entonces a un renovado primate, erguido, sin pelo, racional, consciente, civilizado (hasta cierto punto) y que vive en una era esplendorosa producto de sus propias creaciones, la era de “sus herramientas”, quienes lo han llevado de la mano a iniciar ahora la conquista del espacio… un espacio que ahora le es desconocido y al cual debe comenzar a adaptarse (de ahí que Kubrick presenta a los viajeros con un caminar cadencioso y dificultoso en gravedad cero, la ida al baño como una tarea titánica y las secuencias tremendamente largas del acoplamiento de dos naves espaciales al son de El Danubio Azul).

El mono y el homo sapiens unidos por su origen
El mono y el homo sapiens unidos por su origen. Imagen: Facilparanosotros

Es así que la humanidad encuentra (no sin antes tratar el gran descubrimiento con un carácter confidencial manejando con los medios de comunicación terrestres la versión de una epidemia en la Luna), enterrada bajo la fiel eterna compañera de nuestro planeta, aquél enigmático rectángulo de caprichosas y precisas proporciones geométricas (ya no de cristal, sino de un material liso y negro como la noche). Tanto en la novela como en la película vemos que el hombre ya no muestra la misma exacerbada curiosidad y asombro que millones de años antes… ahora es un ser nuevo y en la cúspide de su evolución. Pero el monolito al ser activado mandando una señal hacia Saturno (con Kubrick es hacia Júpiter), quiere hacerle ver lo lejos que aún se encuentra de desvelar los misterios de su propio origen y su futuro.

Meses después de este mítico encuentro, la nave norteamericana Discovery se encamina rumbo a una de las lunas de Saturno (Japeto), que es el punto exacto hacia donde el monolito estableció contacto con la “gran inteligencia”, su presunto pasado. Es en este punto de la historia donde Clarke introduce lo que considero es uno de los personajes insignia (junto al monolito) de 2001: la súper computadora HAL 9000.

Durante la gran travesía cruzando Júpiter, utilizando su campo gravitacional como impulso para dirigirse a Saturno, hemos de apreciar casi de inmediato el despliegue emocional (casi pirotécnico) de la súper computadora en el devenir de los sucesos dentro de la nave. Con Kubrick vemos que uno de los astronautas, Frank Poole, observa hierática y estoicamente una grabación de su familia deseándole un feliz cumpleaños. Su única acción es pedir a HAL que eleve el apoyo donde descansa su cabeza para ver de mejor manera la pantalla. Kubrick, en sus acercamientos constantes al lente rojo insondable y enigmático de HAL y en cada frase sutilmente pensada que este exterioriza, nos transmite que algo casi humano se esconde, “alguien” que observa, que analiza, que espera, que interviene… y que actúa.

Los diálogos entre los astronautas David Bowman y Poole como los que establecen con Centro de Vuelo en la Tierra a través de la comunicación por radio, son más elaboradas y más recurrentes en la obra de Clarke. Sin embargo en ambas obras la demostración de las emociones y la conducta humana de HAL (humano falso) resulta evidente y hasta dominante, comparado con las robotizadas y casi algorítmicas reacciones, posturas y gestos en primer plano de los astronautas (humanos reales). HAL tenía claro un propósito, una misión que cumplir a toda costa, y es así que por medio de su “espíritu electrónico” y una especie de conflicto interno en el cumplimiento de sus directivas programadas (uno: tener éxito en la misión; dos: salvaguardar la nave y a sus tripulantes), al más puro estilo Asimoviano, decide primero inventar una falla en la unidad encargada de mantener la antena de comunicación alineada con la Tierra, y después asesinar (“prescindir” o “eliminar” en el supuesto lenguaje de HAL) a los dos astronautas, teniendo éxito en el caso de Poole.

Tanto Clarke como Kubrick nos muestran entonces que a pesar de que la computadora (herramienta del homo sapiens) tenga el control de la nave y de que haya decidido que el “prescindir” de los tripulantes le ayudará a realizar con éxito la misión, al ser humano (en este caso David Bowman) se le iba a presentar un reto más, un reto que lo transportaría inconscientemente a hacer uso del más ancestral y primigenio instinto: el de la supervivencia… pero como no podía ser de otra manera, debía de ser haciendo uso de un elemento especial, de un viejo conocido que ha acompañado al hombre por miles de generaciones en su crecimiento y dominio del planeta y de sus propias creaciones, la cual la mejor de ellas se estaba ahora rebelando contra él… ese elemento resultó ser la misma herramienta, una infinitamente más sencilla y austera que la cuasi-perfección absoluta de HAL… un desarmador.

David Bowman y el regreso del asombro
David Bowman y el retorno del asombro. Imagen: La Vidak

Si observamos 2001: Odisea del Espacio desde un panorama general hasta este punto, da la impresión de que tanto HAL como el monolito no tienen relación entre sí y son dos partes separadas y bien definidas dentro de toda la historia. Considero que el reto de Bowman de desarmar a HAL para así subsistir y hacerse del control de la Discovery, es una clara referencia a esa olvidada “ayuda externa”, al misterioso y rectangular “guía mayor” que impulsó tiempo atrás a Moon-Watcher en la estepa africana para dominar a las tribus enemigas y transmutar de presa a depredador. ¿Cómo no pensar entonces que el monolito diseñó un último reto a Bowman, erigido como embajador de la humanidad, alterando los procesos heurísticos y algorítmicos de la inteligencia de HAL para cumplir con una misión de tres millones de años?

Una vez llegado a Japeto, en el esplendoroso campo de Saturno (Júpiter en el caso del filme, sin entrar en ningún detalle), Bowman observa una peculiaridad en este satélite en cuya superficie se dibuja un óvalo blanco gigantesco con un minúsculo punto negro justo en el medio… y he aquí que inicia, una vez superado ese gran reto venciendo a la mejor herramienta jamás creada por la humanidad, la gran aventura final en el tan esperado encuentro con Hermano Mayor (nombrada así por ser la versión gigantesca de la losa rectangular clavada en la Luna).

He aquí que la filosofía Kubrickiana y la Clarkiana se funden en el final-final, sin embargo considero que es de suma relevancia realizar un énfasis a las escenas descritas por Clarke en la novela antes de que Bowman arribara al extraño e inesperado cuarto de hotel. Mientras la película muestra un despliegue de intenso colorido, de sonidos evocadores de infinitud y de eternidad, de majestuosidad, de velocidades inalcanzables y de viajes sin retorno, al más puro estilo tripi-hippie (en boga en aquél entonces), Clarke escenifica con gran maestría un viaje de Bowman a través de un lugar lleno de estrellas más allá de toda comprensión y aprehensión humana. !Dios mío, está lleno de estrellas!, exclama el legendario astronauta con el asombro alguna vez perdido de sus antepasados. Esa inteligencia superior e invisible que lo controla lo va llevando a través de parajes inexplicables y atiborrado de maravillas cósmicas como el inmenso sol rojo cuyo material interestelar es consumido por una enana blanca que rota en derredor suyo. Bowman ha visto con sus propios ojos, en un lugar posiblemente a millones de años luz de la Tierra, el antiguo hogar de los creadores del “Dios” de la humanidad, de aquel objeto de aristas rectas e inmutable figura que le regaló consciencia a su especie.

El broche de oro para esta gran obra se encuentra en el ya mencionado cuarto de hotel, escenario final del increíble viaje de David Bowman. Mientras Clarke no es tan explícito en el manejo arbitrario del tiempo y del significado del “cuerpo material” del astronauta y su ulterior transformación, Kubrick representa al astronauta avanzando en edad, mostrando una dificultad creciente en realizar movimientos con su cuerpo (tira por accidente una copa de vino en una especie de última cena personal), dejando entrever que la materia de alǵun modo sigue siendo un obstáculo a su ambición, una especie de aviso o baño de humildad para un ser humano avocado al progreso y olvidado de sus orígenes.

He aquí que el monolito, ese eterno extraño más que familiar, hace acto de presencia en el final de la vida “humana” de Bowman, a manera de acompañarlo una vez más en otro salto evolutivo, en trascender la materia y convertirse en el denominado hijo de las estrellas, cuya característica de viajar a voluntad a través de la galaxia y hacer acto de presencia frente al planeta Tierra revestido de gloria pone punto final a esta mítica novela (y a la película).

2001: Odisea del Espacio presenta así una interesante idea que reflexiona acerca del origen del ser humano, del camino que ha tomado en su imparable evolución en compañía del tiempo y de sus herramientas-creaciones, de abonar a su mente y consciencia -generación tras generación- cúmulos de conocimientos que lo han convertido en amo y señor del planeta. El mítico monolito de proporciones perfectas y de contenido inescrutable, convertido así en el Dios de la humanidad eternamente buscado por la religión y la ciencia -herramientas inseparables de nuestra especie-, se muestra en todo su esplendor como la representación no del principio ni del fin, sino del medio por el cual la humanidad se adentre en el reino de las estrellas y busque su propia trascendencia y su lugar en el vasto universo… un lugar donde el asombro y contemplación de sus incontables e insondables maravillas sin duda estará presente.

Anuncios

Comenta acerca de este artículo

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s